McLaren Sabre: el coche imposible en la mayoría de los países occidentales

Difusor y alerón del McLaren Sabre

A mediados de este año, McLaren registró la denominación comercial Sabre en la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos. Con lo que generó cierto misterio al elegir este país aun siendo una marca británica. Ahora ya conocemos los motivos de esta decisión y te traemos el coche que está detrás de este nombre. El Sabre ha salido a la luz en diciembre como un superdeportivo creado por su División de Operaciones Especiales. Lo que quiere decir que es de los más exclusivos y caros de la casa.

En esta ocasión, sí que se trata de una unidad más potente y prestacional que el modelo en el que está basado: el Senna. Su motor V8 de 4.0 litros con dos turbos ha sido modificado para rendir 835 CV. Lo que lo sitúa 35 CV por encima de aquel, aunque mantenga los mismos 770 Nm de par máximo.

Corre más… porque es Estados Unidos

Con este despliegue de potencia, es capaz de aumentar su velocidad máxima hasta los 350 km/h (10 km/h más que el Senna). Pero esto es algo que no solo se consigue a base de fuerza bruta. El Sabre incluye modificaciones importantes en la carrocería, aprovechando los laxos requisitos de homologación que hay en EEUU.

McLaren Sabre

Ese parece ser el motivo del registro en aquel país. Fuentes cercanas a la marca, indican que los cambios aerodinámicos del Sabre, que no serían posibles en cualquier país, le permiten superar ciertos límites de los modelos de calle. Por ejemplo con la aleta longitudinal, al estilo del LMP1, que recorre el centro del techo, el difusor trasero gigante y el alerón de tres listones.

Coches a medida a golpe de talonario

Como es habitual en centro de personalización como la División de Operaciones especiales de McLaren, los clientes han participado en el diseño del coche para que se ajuste a sus preferencias. Normalmente solo existen dos limitaciones: el presupuesto de los compradores y las homologaciones necesarias del lugar donde se venda.

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Otro buen ejemplo de estas limitaciones se vieron en el Rolls-Royce Sweptail, en el que estuvieron trabajando cuatro años hasta solucionar todos los problemas de homologación que causaban las peticiones del cliente, para que se asemejase a un yate. El resultado fue unos de los coches más caros del mundo, con un precio de casi 11,5 millones de euros. Al menos si no se tienen en cuenta las revalorizaciones posteriores a la venta inicial.

Lo que también es común en este tipo de coches a medida es que su precio solo se revela si así lo quiere el cliente. La primera unidad ya ha sido entregada sin que su nuevo propietario se pronuncie acerca de la factura. Aunque las estimaciones lo sitúan en las siete cifras. En total se venderán 15 unidades del McLaren Sabre, para las que se espera que haya compradores en las próximas semanas.


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