Toyota Gazoo Racing Experience: ¡La deportividad vuelve a la marca!

Toyota GT86 N3 competición Diego Ávila

Si hay una marca que está claramente relacionada con los vehículos híbridos, esa es Toyota. La firma japonesa apostó a finales del pasado siglo por un tipo de propulsión en el que solo ellos creían, lanzando al mercado la primera generación del Prius. Ahora, 20 años después, el mundo se ha dado cuenta de que no eran unos locos por lanzar un coche híbrido, sino unos visionarios. No les ha ido nada mal con esa estrategia.

El caso es que durante estos tiempos, especialmente en la última década, Toyota ha apostado totalmente por la electrificación y el desarrollo de estos sistemas híbridos, dejando muy apartada otra seña de identidad anterior, la deportividad. Aunque la apuesta principal de la compañía va a ser la hibridación, el espíritu deportivo de Toyota está de vuelta. Una prueba es el nuevo Supra y otra es la filial deportiva Gazoo Racing. Así nos fue en la Toyota Gazoo Racing Experience celebrada en el Jarama la pasada semana.

La intención de Toyota España es repetir estas jornadas en varios puntos de la península al menos durante 2019 y 2020 con medios de comunicación y algunos invitados. Sin embargo, no todo queda ahí, pues la idea es que posibles clientes de modelos como el Toyota Supra puedan conocer de primera mano qué es capaz de hacer ese coche en un circuito, que es donde realmente debe probarse a fondo un modelo deportivo.

Toyota en competición

Como decía más arriba, Toyota quiere ser reconocida como una marca ecológica y de vehículos híbridos; pero no por ello quiere renunciar a la deportividad. La primera forma de volver a demostrar ese carácter es con el mundo de la competición, y lo cierto es que en este aspecto no lo están haciendo nada mal.

Tienen una fuerte presencia en el WEC -entre los que destaca un tal Fernando Alonso a los mandos-, también en el WRC -con Ott Tänak, Latvala y Kris Meeke, así como en el Rally Dakar -con Nasser Al Attiyah-. Los resultados están siendo fabulosos: ganadores de las 24 Horas de Le Mans, ganadores del Dakar con Nasser y campeones de constructores en el WRC 2018.

Según afirma Toyota, la información y experiencia recogida en el desarrollo de los vehículos del WEC en materia de baterías e hibridación terminan llegando a coches híbridos como el Corolla o el RAV4, la deportividad visual del WRC convence a los clientes que apuestan por los acabados deportivos GR Sport de Yaris, la versión deportiva GRMN del mismo o incluso en el GT86, mientras que la fiabilidad y robustez de los vehículos del Dakar termina convenciendo a los clientes para apostar por un Land Cruiser, un Hilux o un incluso un RAV4.

Gazoo Racing Experience en el Circuito del Jarama

Control de reacciones

Toyota Yaris GR Sport en Toyota Gazoo Racing Experience

Tras contarnos la estrategia y su nuevo rumbo hacia la deportividad sin dejar de lado la hibridación, Toyota quiso demostrarnos que actualmente ya sabes hacer un buen trabajo. Así que nos pusimos el mono de piloto y bajamos de la parte más alta de la Torre de Control del Circuito del Jarama a la pista.

La marca tenía preparados una serie de ejercicios a baja velocidad para ir abriendo boca. Que fueran a baja velocidad no significa que fueran poco divertidos, pues es ahí donde más se aprecian los fallos y aciertos de cada piloto. Empezaríamos haciendo un breve y estrecho circuito con un híbrido Yaris GR Sport sobre conos con distintos niveles de adherencia y partes del trazado mojado. El objetivo es adaptarnos de la mejor manera posible a los cambios de agarre y, por supuesto, hacer el recorrido en el menor tiempo posible sin derribar conos.

Tras unas cuantas vueltas con el Yaris GR Sport, subvirajes, manos de un lado a otro para corregir la trayectoria, acelerones y frenazos y chillidos de los neumáticos delanteros, dábamos un respiro al utilitario híbrido. A apenas unos metros nos esperaba una pista circular (como una rotonda) de suelo deslizante y con partes húmedas y otras secas. Nos enfrentaríamos a ella con un Toyota GT86 manual y con las ayudas electrónicas desactivadas.

Toyota GT86 prueba de drift en Toyota Gazoo Racing Experience

El objetivo es tan fácil de decir como complicado de lograr: mantener el coche derrapando durante el máximo tiempo posible. Con un instructor a nuestro lado aconsejándonos en cada momento, arrancamos, pusimos segunda y aceleramos. El pavimento agarra poco, pero menos aún cuando pisamos la zona encharcada. Teníamos que buscar el equilibrio entre el porcentaje del acelerador, el ángulo de dirección y el agarre de los neumáticos Bridgestone en cada momento al piso.

Viendo al instructor hacerlo, no parecía demasiado complicado. ¡Qué ilusos! Hay que abusar un poquito del acelerador para descolocar la trasera en un primer momento, pero luego ir modulando muy suavemente en el primer tercio del recorrido del acelerador, a la vez que realizamos movimientos suaves con el volante. Lo más complicado, sin duda, era la transferencia de seco a mojado y de mojado a seco, pues no es nada fácil mantener el ángulo de derrape con cambios de adherencia. Eso sí, nos divertimos de lo lindo.

¡A la pista de verdad!

Después de unos buenos momentos con el Yaris GR Sport y el deportivo GT86, llegaba la parte más esperada de la jornada. Íbamos a conducir en el mítico trazado madrileño a fondo. Tras una breve charla de cómo se iba a desarrollar esta parte de la experiencia y organizar los distintos grupos para llevar una mejor logística se abrían las puertas de los boxes y allí nos estaban esperando las siguientes máquinas:

  • Toyota GT86 de serie
  • Toyota Yaris GRMN de serie (la edición especial limitada a solo 400 unidades en Europa)
  • Toyota Aygo de competición Copa Kobe con especificaciones para circuito
  • Toyota GT86 N3 de competición con especificaciones para circuito

Toyota GT86 de serie

Toyota GT86 Circuito del Jarama

Era momento de abrocharse el cinturón y empezar a rodar en el nuevo asfalto del Circuito del Jarama con el Toyota GT86. Ponemos primera y salimos lentamente del pitlane mientras charlo con el instructor. Aunque he rodado varias veces en el Jarama, y alguna vez he estado aquí mismo con este mismo coche, no está de mal que alguien con gran experiencia te informe un poquito más de las claves, puntos de referencia y trazada ideal.

El GT86 es un coche divertidísimo. Transmite muchas sensaciones de conducción, pero siendo noble de reacciones cuando superas el límite de adherencia. Es fácil de controlar y te permite jugar con él a la salida de las curvas más lentas. Los 200 CV quedan algo justos en un circuito de velocidad como este pero, a decir verdad, es una potencia ideal si lo que quieres es pasarlo bien en carreteras de montaña.

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Prueba Toyota GT86 2.0 bóxer 200 CV

El Toyota GT86, por su motor bóxer atmosférico de 2 litros con 200 CV, su tacto del cambio manual con cambios rápidos e inserciones marcadas, una dirección directa y muy precisa, así como una postura de conducción muy baja y estirada, es uno de los coches verdaderamente deportivos más asequibles del mercado. Y eso que en los últimos años, poco a poco, ha ido subiendo su precio por los nuevos equipamientos que se ha ido recibiendo. En cualquier caso, reconozco que es uno de mis coches favoritos, un deportivo que sin dudar tendría en mi garaje.

Toyota Yaris GRMN

Toyota Yaris GRMN en el circuito del Jarama con la Toyota Gazoo Racing Experience Diego Ávila

Muy a mi pesar, aún no había podido probar el Toyota Yaris GRMN. Muchos compañeros de profesión me habían hablado maravillas de este coche, pero tenía muchas ganas de comprobarlo por mí mismo. Solo 400 unidades se han fabricado de este urbano para toda Europa y 5 han llegado a España. Es un coche muy exclusivo.

Solo tenía dos vueltas al trazado madrileño para sacar el máximo partido a esta “pelotilla”. Por si no lo recuerdas, bajo el capó delantero reposa un motor 1.8 litros con distribución variable y sobrealimentado mediante un compresor fabricado por Magnuson Eaton. Desarrolla 212 CV y 250 Nm de par, por lo que ya te puedes imaginar que la patada al acelerar a fondo es bastante fuerte. La suspensión y los frenos, obviamente, están más pensados para un trabajo exigente que en los Yaris normales.

Más allá de la respuesta del motor, que es muy buena, me ha llamado la atención el bonito y deportivo sonido de la admisión cuando aceleramos a fondo, así como la gran motricidad del tren delantero debido a su diferencial mecánico autoblocante Torsen, que te obliga a sujetar bien el volante a las salidas de las curvas. A la entrada de la curva también hace disfrutar, pues el tren trasero es juguetón y tiende a moverse un poco en frenada al límite y si ahuecamos el gas en pleno apoyo. En comportamiento dinámico, sin duda, es una pequeña bomba.

Lo que no me ha gustado de este coche es su postura de conducción. La sensación es muy similar a la de un Abarth 595 o Fiat 500, pareciéndose a llevar un pequeño monovolumen. El volante queda lejos de estar en una posición vertical y tiene malos ajustes para adaptarlo a nuestra postura, ocurriendo algo bastante similar con el asiento, pues quedamos altos y no del todo cómodos. Además, la posición de los pedales tampoco es ideal.

Toyota Aygo Copa Kobe

Toyota Aygo competición Copa Kobe Diego Ávila

Cuando hablamos de deportivos o de vehículos de competición, siempre pensamos en contar los caballos por cientos y de mucho dinero invertido. Al Toyota Aygo de la Copa Kobe se le ha cambiado el escape, la suspensión, ha recibido algunas modificaciones en los frenos delanteros y, por supuesto, se le ha vaciado por dentro e instalado una jaula de seguridad.

Otros componentes son totalmente de serie, y entre ellos se pueden citar los neumáticos (que son de Bridgestone en 14 pulgadas) o el propio motor, sin ninguna modificación más allá que el cambio del sistema de escape. La caja de cambios tiene una relación más cerrada. Gracias a ello han conseguido crear una categoría de competición muy accesible económicamente (por unos 16.000 euros tienes el coche), segura y técnica, por lo que realmente se demuestran las manos que tiene un piloto.

Me pongo el casco, me introduzco como puedo en el puesto de conducción (con las barras antivuelco y los buckets no es nada fácil cuando no se está acostumbrado), abrochamos los arneses, conectamos los micrófonos para poder escuchar a mi copiloto y hablar con él durante el recorrido y… primera y salimos de boxes.

El instructor me comenta que mientras avanzamos por el pitlane que aunque es un coche con poquitos caballos, unos 75 CV aproximadamente, es un buen coche para aprender, un coche muy técnico y divertido de conducir. Y vaya que si lo es. Hay que llevarlo alto de vueltas en todo momento y no fallar en una marcha porque nos quedaremos sin potencia y, por ende, perderemos mucho tiempo.

Las sensaciones son sublimes. Destaca la agilidad en el paso por curva lenta, la rapidez a la hora de cambiar de dirección y lo divertido que llega a ser estirar las marchas al máximo y afinar a la salida de cada curva para no perder una sola décima hasta que lleguemos a la próxima frenada. Ah, y si te preguntas por su velocidad, al final de la recta de meta llegamos a tocar los 160 km/h, que tampoco está nada mal para un coche de estas características.

Toyota GT86 N3 Competición

Toyota GT86 competición N3 en el Jarama Diego Ávila

El plato fuerte de la jornada era el Toyota GT86 N3, un vehículo de competición preparado para tramos fuera del asfalto pero que, en esta ocasión, había sido ajustado para circuito y recibía unos neumáticos slicks. Nuevamente tocaba ponerse el casco, acceder al habitáculo con posturas un tanto ridículas y abrocharse el arnés. El interior es parecido al del Aygo del que os hablaba antes, pero las sensaciones son distintas.

Antes de arrancar el instructor me deja bien claro que esto ya es algo serio. “Diego, trata de no hacer reducciones muy bruscas y marca bien los cambios de marcha pero, sobre todo, prueba unas cuantas veces a frenar antes de abandonar la línea de boxes”. Es la primera vez que pruebo un coche sin servofreno y, lógicamente, sorprende la fuerza que hay que hacer sobre el pedal central para notar que las pastillas empiezan a morder los discos. Ni te cuento para hacer una buena apurada de frenada…

Poco a poco acelero y tanteando -casi que con más miedo que vergüenza en las primeras curvas-, incremento progresivamente el ritmo. El sonido del motor bóxer 2.0 con 200 CV de serie pero con escape modificado es bestial. Pocos sonidos de escape me han hecho sonreír tanto al volante como el de este Toyota GT86 de competición.

Dejando a un lado esas emociones, trato de concentrarme en trazar lo mejor posible, aprovechar la anchura del circuito madrileño y de acelerar cuanto antes. Tanto es así que en más de una ocasión se insinuó el tren trasero pese a ir bien asentado. También tuve la sensación de entrar colado a alguna curva, pero haciendo un poco más de fuerza (sí, todavía más) en el freno, los slicks mostraban su agarre y paraban lo suficiente al GT86 para entrar en la trazada ideal.

El paso por curva en virajes rápidos ya no me hacía dudar como en su homólogo de calle y la confianza se iba incrementando hasta que llegó el momento más cruel del día. Mi copiloto e instructor me dice “vale, afloja un poco que vamos a refrigerar antes de entrar en boxes”. ¡Qué sensaciones, qué descarga de adrenalina y qué pasada poder ponerme al volante de estos juguetes para mayores!

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