5 consejos vitales para sobrevivir a las fuertes lluvias al volante

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Ya podemos decir con seguridad que el verano nos ha dicho adiós. Aunque sigue habiendo días y lugares del país en los que es posible que el termómetro se acerque a los 30 grados en las horas más calurosas del día, lo cierto es que ya estamos en el otoño. Por las noches ya dormimos bien arropados y los pantalones cortos han vuelto al armario por una buena temporada. Otoño es época de vientos, lluvias y alguna que otra tormenta, por lo que debemos estar preparados al volante.

Todos sabemos que el asfalto mojado resbala y que si está encharcado tenemos posibilidades de sufrir aquaplaning. Aun así, y siendo un ciclo que se repite anualmente, todos los años se dispara el número de accidentes cuando las nubes deciden descargar sobre la superficie de nuestras calles y carreteras. La lluvia es una situación habitual y no le debemos echar la culpa de un accidente, simplemente tenemos que adaptarnos cuando aparece.

¿Qué debemos tener en cuenta cuando conducimos bajo la lluvia?

Parece de cajón, pero conviene recordarlo. Cuando conducimos nuestro coche bajo la lluvia, además de aumentar la distancia de frenado por la menor adherencia del pavimento, debemos tener en cuenta otros factores. Tenemos menor capacidad de frenado, pero también menor adherencia lateral, pudiendo además hacer patinar las ruedas de nuestro coche en bruscas aceleraciones, especialmente a baja velocidad. Por esto es tan importante llevar los neumáticos a punto en superficies mojadas.

Por otro lado, la visibilidad disminuye, lo que nos dificulta calcular la velocidad a la que se aproximan otros vehículos. Es por esto que se debe encender la iluminación. Las maniobras en ciudad también son más complicadas, ya que nuestros cristales y espejos acumularán gotas que nos restarán mucha visibilidad. En algunos casos puede ser difícil hasta aparcar.

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Presta atención a tus neumáticos

Como siempre decimos, los neumáticos son el único punto de contacto entre el asfalto y nuestro coche, por lo que debemos cuidarlos y mantenerlos en perfecto estado. Unos neumáticos en buen estado, sin desgastes irregulares y lejos de que el testigo de desgaste haga aparición, pueden suponer la diferencia entre sufrir un accidente o llegar a nuestro destino sin haber tenido ni siquiera un susto.

Debemos tener en cuenta que el aquaplaning se origina porque el neumático no es capaz de evacuar todo el agua que hay en la superficie, creando una película entre la goma y el asfalto cuyo resultado es similar a que la rueda esté flotando en el aire; por tanto, durante esos instantes no será capaz ni de frenar ni de girar. Si atravesamos un charco a una velocidad reducida puede que no aparezca este fenómeno del aquaplaning, pero cuanto más dibujo conserve el neumático mayor será el volumen de agua que podrá evacuar y, por tanto, a mayor velocidad podremos atravesarlo sin peligro.

Precaución, anticipación y suavidad en la conducción

Son las tres reglas que más ayudan a mantener la seguridad al volante en cualquier situación y se relacionan entre sí. Debemos tenerlas muy en cuenta siempre, también cuando las condiciones climatológicas sean perfectas, pero más aún cuando el asfalto esté delicado.

Realizando una conducción suave girando y cambiando de velocidad de forma progresiva, dejando nuestra alma deportiva y las prisas a un lado, aumentando la distancia de seguridad, mirando muy lejos y adaptando nuestra velocidad a las condiciones del momento, tendremos mucho ganado y reduciremos considerablemente las posibilidades de tener un percance.

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Evita pisar las líneas de pintura

Nuestra red de carreteras está plagada de señales viales pintadas sobre la carretera. Pese a que los distintos organismos afirman que es pintura especial y antideslizante, lo cierto es que la adherencia sobre ella es bastante reducida. Es por esto que debemos evitar pisarlas en la medida de lo posible, sobre todo en las curvas y frenadas, que es cuando más peligro supone una pérdida de control del coche. Si no podemos evitarlas, al menos intentaremos no realizar bruscos cambios de dirección o de velocidad.

Mantén en perfecto estado las escobillas del limpiaparabrisas

Ya hemos comentado unos párrafos más arriba que las fuertes lluvias dificultan la visión, tanto a nosotros como al resto de usuarios. Por ello, debemos intentar ver lo mejor posible, pero también hacernos ver.

Es aconsejable cambiar anualmente las escobillas de los limpiaparabrisas y, si no lo hacemos, al menos comprobar que “barren” en perfecto estado. Unas escobillas desgastadas, además del molesto ruido que provocan en cada barrido, no son capaces de eliminar toda la lluvia que cae sobre la luna, por lo que empeorarán aún más nuestra visión. Por otro lado, no está demás comprobar y rellenar de vez en cuando el nivel del líquido para el parabrisas, ya que la lluvia junto con la suciedad puede formar un barro poco aconsejable. ¡Ah!, también existen productos de impermeabilización para aplicar a los cristales que evitan la acumulación de gotas.

Enciende las luces y procura que funcionen correctamente

Como decíamos, también debemos intentar que el resto de usuarios nos vean. Por ello debemos encender las luces de nuestro vehículo, utilizando también las de antiniebla si es necesario, siendo muy importante que todas ellas funcionen y no tener los faros opacos por el paso del tiempo. En estas condiciones y más que nunca, recuerda utilizar las luces de dirección, es decir, los intermitentes.

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