Hielo negro, qué es y cómo actuar ante él

Si os digo que me digáis palabras claves que puedan definir la navidad, entre las relacionadas con la familia y los reencuentros seguramente se colarán el frío y las vacaciones. Ambas palabras entrañan peligros para la conducción a los que debemos hacer frente, y es que con motivo de estas vacaciones los desplazamientos se multiplican, y, con motivo del frío, las condiciones de la carretera pueden alterarse peligrosamente. Entre los peligros más comunes, las heladas y la nieve, dos fenómenos climatológicos que van a exigir al conductor atención máxima en la carretera.

Relacionado con ambos conceptos encontramos al llamado hielo negro, denominación que se le da a la fina capa de hielo que puede formarse en la superficie y que apenas es visible a nuestra vista. Realmente el apelativo de “hielo negro” viene dado porque al ser prácticamente transparente, deja ver tras él el color oscuro de la carretera, lo que le da una tonalidad negra u oscura. Vamos a conocer más sobre este fenómeno además de aprender algunos trucos que nos servirán si nos topamos con él.

¿Qué es el hielo negro?

Tal y como lo definíamos en las anteriores líneas, el hielo negro se define como una fina capa de hielo que aparece en la superficie y que, por su pequeño grosor, deja pasar la luz. Pese a que usualmente lo relacionemos con la carretera, no solo se manifiesta en el asfalto, haciéndolo también en las montañas con el peligro que conlleva para los escaladores o a lo largo de las embarcaciones, perturbando con ello su estabilidad.

Una de las características que hace más peligroso el hielo negro es la falsa seguridad que a la vista puede llegar a dar. A ambos lados del hielo negro pueden encontrarse pequeños fragmentos de nieve o aguanieve, contrastando con el negro del asfalto que pasa tras el hielo y que da al conductor una percepción errónea de que ese tramo está libre de nieve y hielo. Esto puede llevar a que el conductor no baje la velocidad y por consiguiente, pueda llegar a perder el control del vehículo.

Usualmente el hielo negro aparece en un primer momento en los puentes debido a que su calzada está más expuesta a la caída repentina de la temperatura. Este condicionante hace todavía más peligroso al hielo negro entrañando aún más peligros la pérdida de control en un tramo de estas características.

Es vital prestar atención a la carretera más cuando las temperaturas oscilan valores bajo cero o próximos a ellos. Aunque a la vista no contemplemos una situación peligrosa, no conviene viajar a una velocidad elevada. Precisamente, hace tan solo unos días, este fenómeno fue culpable de un accidente en Álava que implicó a 11 vehículos y se saldó finalmente con tres heridos. Pese a las tareas preventivas de la diputación alavesa, una helada repentina provocó este choque en cadena.

Algunas pistas para localizarlo

Ante todo, prudencia. Debemos viajar siempre con los cincos sentidos puestos en la carretera más en horas en las que amanece o anochece por las oscilaciones de temperatura. Del mismo modo debemos mantener una velocidad adecuada incluso cuando parece que la calzada está en buenas condiciones. Normalmente el hielo negro se forma cuando aún la temperatura no ha subido o en zonas en las que no llega rayos de sol. Las carreteras con árboles que tapan buena parte de la calzada, las poco transitadas, las entradas y salidas de túneles o los puentes, como antes hemos mencionado, son escenarios propensos a contener hielo negro.

Mucho “ojo” a las zonas de la carretera con una tonalidad más oscura, el hielo negro se forma por una capa delgada de hielo, lo que hace que deje ver el color negro de la carretera. Normalmente, a medida que nos acercamos esta capa comienza a tener un brillo más intenso, y es que se trata de hielo, poco, pero hielo, por lo que emitirá un brillo que puede darnos pistas de que nos encontramos ante este fenómeno.

Como actuar ante él

Si a pesar de seguir estos consejos nos encontramos pisando una capa de hielo negro y notamos como nuestro coche pierde adherencia, es primordial que mantengamos la calma. Si bien, esta frase es curiosa porque en estas situaciones es complicado mantener la compostura, aunque las instrucciones son claras y sencillas. Si conducir sobre nieve exige al conductor una suavidad extrema, hacerlo sobre hielo nos obliga a exigirnos todavía más.

Reducir la velocidad en casos de hielo o nieve es fundamental, por lo que dejar de acelerar será una de las primeras reglas que debemos de tener en cuenta. Igualmente importante es no pisar el freno, ya que beneficiará a la pérdida de control del vehículo. La dirección solo la utilizaremos en caso de necesidad, siempre haciéndolo con una suavidad exquisita. Por último conviene no exigir al neumático, evitando frenar a la misma vez que giramos.

En estos casos la prevención juega también un papel importante, evitando en todo momento una conducción brusca repleta de “acelerones” y “frenazos”. Mantener la distancia con el vehículo que viaja delante es de la misma manera trascendental, siendo una práctica de obligado cumplimiento en cualquier situación pero que si cabe, se hace más relevante en estos casos. Debemos tener en cuenta la actuación del ESP, si es que nuestro coche dispone de él, sistema que velará por nuestra seguridad actuando cuando perdamos adherencia.

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Extremeño enamorado del mundo del motor. Cuando aún no había aprendido a contar hasta diez, ya coleccionaba llaveros con las insignias de cada marca de automóviles. También, he sido jugador de baloncesto gran parte de mi vida. Quizás, por este motivo, estudié el Grado en Educación Física en la Universidad de Extremadura. Siempre he mirado a los coches con otros ojos: disfruto de su mirada, de sus líneas y por supuesto, del placer de conducirlos. ¿Un sueño? Recorrer "el infierno verde" subido en un Porsche 911 Turbo. Espero que te gusten mis artículos en donde podrás comentar y preguntar acerca de lo que desees, estaré encantado de tu colaboración. Me tenéis en Twitter y en la mayoría de las redes sociales. ¡Sígueme y compartamos la pasión por este maravilloso mundo!

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