Prueba Mercedes CLS 63 AMG 4Matic Coupé

No hay futuro, no lo hay. El diésel será el primero, pero la gasolina le seguirá como león desterrado con la llegada de un nuevo macho más fuerte y joven. La electricidad, las fuentes de alimentación alternativas son el futuro, lo son por necesidad, lo son por responsabilidad. Pero no nos juzguéis porque sigamos disfrutando del despertar de un motor V8, del rugido de ese león al que amas y temes a la misma vez. Puede matarte, puede hacerlo, pero estar cerca de él será una experiencia difícil de olvidar. Ponemos a prueba el Mercedes CLS 63 AMG 4Matic Coupé, unidad que nos cede Mercedes Automoción del Oeste, concesionario oficial en Extremadura.

Hay días que es mejor no levantarse, pero hay otros que le suplicas al sol que aparezca. Este era uno de ellos, y es que a poco de salir el señor Lorenzo me esperaba uno de esos coches que pueden convertir tus piernas en gelatina, que pueden conseguir que tiembles como un niño que mira la aguja de una vacuna. El poder es tal que antes de encontrarme con él ya sentía escalofríos, y es que hay palabras que explotan en nuestros oídos y nos ponen a temblar. Para algunos es la palabra Hacienda, para otros gimnasio y para nosotros son M, RS, GTI o AMG

Palabras mayores

Si seguimos hablando de palabras puedo decirte que, lo que tenía delante de mí, eran palabras mayores. El día no acompañaba, las nubes hacían de cortinas cerrando el cielo y dejando en el ambiente un tono grisáceo, muy parecido al que daba color a los músculos del Mercedes CLS 63 AMG 4Matic que tenía justo delante de mis ojos. Si estás conectado al mundo del motor sabrás que no podía ser la última generación que acaba de iniciar su vida comercial, la C257, sino la anterior, la generación C218. Si bien, la que actualmente está en venta tiene como rey de gama al AMG CLS 53 4Matic+ de 435 CV.

Pese a ello, el último Mercedes CLS 63 AMG sigue teniendo magnetismo, un poder de atracción que siento en mis propias carnes deslizando mi mano por todas sus esquinas. Casi cinco metros recorren mis pies de lado a lado, un paseo en el que descubro el sutil y a la vez poderoso kit de carrocería que monta. Mitad uniforme mitad esmoquin, más todavía con el Night Pack, acabado que cubre de negro los retrovisores, las ventanillas traseras y las llantas multiradio de 19 pulgadas de esta unidad.

En el perfil está la razón de ser de este modelo, una berlina coupé de cuatro puertas por la que recorre sangre pura. Y es que su antecesor inauguró el segmento de este tipo de modelos, una carrocería de carácter deportivo que el Mercedes CLS63 AMG Coupé afina aún más gracias al pequeño alerón trasero, las entradas de aire del paragolpes delantero y las cuatro salidas de escape, las encargadas de escupir los desechos de un bloque de ocho cilindros en V que estaba deseando arrancar.

La misma puntería tenían en el interior, habitáculo en el que estaba sentado nada más recibir mi premio, sus llaves. Las referencias a la empresa de alto rendimiento que crearon Hans Werner Aufrecht y Eberhard Melcher en Grossaspach en los años sesenta pueden verse en cada rincón del interior. La atmósfera es más deportiva que la de un Mercedes CLS C218 “normal”, con asientos más deportivos firmados por la misma AMG y un túnel de transmisión en el que sí disfrutamos de selector de cambios. Además, en el mismo espacio contamos con una botonería desde la que podemos ajustar los modos de conducción o el sonido de escape entre otras opciones.

Tambores de guerra

Antes de despertar a la bestia te pongo en antecedentes. El CLS de Mercedes, en su anterior generación, la C218, sufría un restyling allá por 2013, justo en el ecuador de su vida comercial tanto en carrocería berlina denominada Coupé como en la Shooting Brake. En ese lavado de cara la marca aprovechaba para poner a punto sus versiones AMG, encontrando en ese momento dos niveles de potencia, el CLS 63 AMG de 557 CV y el CLS 63 AMG S de 585 CV. La gran novedad, además de la versión S, era la llegada de la tracción total, encontrando la posibilidad de añadir al primero el apellido 4Matic. Más tarde, antes de que finalizara su producción, la tracción a las cuatro ruedas solo estuvo dispone en las versiones S.

Con más de 500 caballos de potencia esperándome comprende que mi paciencia por encender el bloque V8 de 5.5 litros se hubiera terminado antes que la batería de un smartphone. Si hablamos de la técnica puedo decirte que este motor de ocho cilindros en disposición V que la marca comenzó a montar en 2011 cuenta con doble sobrealimentación, un corazón que sustituía en las versiones AMG 63 al espectacular V8 de 6.2 litros de aspiración natural. Actualmente, como sabes, estas variantes recurren al moderno V8 biturbo de 4.0 litros.

Y para mis oídos este V8 de 5.5 litros sobrealimentado queda registrado como uno de los motores que mejor sonido emiten. Arrancarlo fue todo un espectáculo, para mi piel y para todo el público que tenía esperando a que accionara el botón de arranque. Tambores de guerra anunciaban la llegada de un ejército como si subidos a la Muralla de Ávila nos encontráramos. La suerte de este día es que no era yo el que esperaba con nerviosismo la llegada del enemigo, era el capitán al mando de estos 557 soldados a caballo.

¿Puedes usar un coche de 557 CV en el día a día?

El recorrer los pocos kilómetros que me daban acceso a la carretera de pruebas me servía para recoger información. ¿Puede ser práctico un coche de tanta potencia? El Mercedes CLS 63 AMG 4Matic Coupé, pese a ser un coche de alto rendimiento, no es un deportivo “quimicamente puro”. Descansa sobre la base de una berlina de cuatro puertas de estilo fastback con la que puedes llevar a tus hijos al colegio. En este sentido nos encontramos con los problemas de este tipo de configuraciones, limitación en altura y, en esta unidad, en plazas. Así que cuando tus dos retoños hayan dado “el estirón” revísale la altura. Si te han salido “patilargos” y rondan el 1,85 metros es hora de darles dinero para que tomen el autobús.

Si continuamos con las consideraciones prácticas puedo decirte que no me ha parecido un coche más engorroso de conducir por ciudad que un CLS “normal”. Tendrás exactamente los mismos problemas de visibilidad posterior o lateral y de anchura y longitud, por lo que mi miedo por rozar las llantas en las aceras no es culpa de los creadores de este animal con traje de chaqueta. Y es que, ¿en qué pensaban cuando hicieron calles tan estrechas? Bromas aparte el Mercedes CLS 63 AMG Coupé mantiene buenas reservas de confort, al menos en modo Confort en el que la suspensión, a pesar de tener un tacto más firme, no llega a ser molesta.

Las entradas a garajes privados o a parkings subterráneos tampoco suponen un problema, más bien diría que es una bendición escuchar este V8 entre cuatro paredes. Lo que no es ninguna ayuda divina es el consumo, el cual se había mantenido en ciudad en 16,1 l/100 km. Nada “preocupante” si echamos un ojo a sus cifras oficiales y nos damos cuenta que declara en ciudad 14,4 l/100 km. La ciudad, pese a no atragantársele, no es lugar para este tipo de coches, y el que lo compra lo sabe o sencillamente el consumo de carburante no está entre sus preocupaciones.

Lo dije cuando me subí al primer CLS, el padre de toda berlina coupé de cuatro puertas. Lo mencioné también en la generación C218 en sus versiones más terrenales y lo he vuelto a decir a los mandos del último de la saga. El Mercedes CLS tiene su hábitat natural en la autovía, o mejor, en la Autobahn, y eso lo sabe hasta un niño que acaba de recibir el “cachete” del médico. Con el Mercedes CLS 63 AMG pasa exactamente lo mismo, pero con más potencia bajo tu pie derecho que la de un Porsche 911 GT3 RS. Como en España no podemos superar los 120 km/h, y un coche como este puede conseguir que duermas entre rejas una temporada, te diré que a esta velocidad no he superado los 10,5 l/100 km de media, nada mal para tener siete veces más potencia que un Seat Ibiza.

Rápido, muy rápido

Pero aunque el Mercedes CLS 63 AMG 4Matic sea poco apto para la mayoría de los bolsillos, empezando por su precio que superaba los 140.000 euros, el espectáculo debía continuar. Y es que tenía la suerte de probar en carretera abierta sus 557 caballos de potencia, todo un placer que activa los cinco sentidos. Y con más decisión que Indiana Jones en busca del arca perdida ajustaba los parámetros oportunos. Modo de conducción en Sport+, el más apto para conducción deportiva. Mi pie derecho se preparaba para dar órdenes a los más de 500 soldados enfurecidos, “todos a una” en dirección a donde apuntaran mis manos.

Pie a fondo y un estruendo tras de mí. La armada entera en retaguardia con cuatro cañones disparando sin piedad. No puedo decirte que desde la primera milésima haya sentido la fuerza de una catapulta. Puede sentirse un pequeño “lag”, como un suspiro antes de estornudar. Cuando llegan los disparos asegúrate de estar agarrado al volante, el CLS 63 AMG no perdona, no es un toro salvaje pero empuja como tal. Con sus 557 CV es capaz de “merendarse” la prueba del 0-100 km/h en solo 3,7 segundos, lo que significa que es más rápido que un Mercedes-AMG GT S e igual de veloz que un Audi RS6 Avant Performance. Su velocidad máxima, por su parte, está limitada a 250 km/h.

Me armo de valentía y sigo sin levantar del piso mi pie. Siento que en este juego él tiene el mando, él es el depredador y yo soy la presa. Sus 557 CV tienen mucho que ofrecer, un jugo imposible de extraer en carretera abierta a velocidades legales. El corazón del Mercedes CLS 63 AMG bombea sangre sin desfallecer hasta llegar a las 6.000 vueltas, momento en el que pide la siguiente marcha para seguir apurando todo su potencial. Su par, de 720 Nm, está disponible desde las 1.750 y las 5.250 rpm. Un importante rango que se consigue gracias al trabajo secuencial de sus dos turbos.

Todos tenemos un talón de Aquiles

Llega el turno de frenar. El morro del alemán busca el suelo bajando de velocidad de manera instantánea. En este apartado contamos con discos ventilados tanto en el eje delantero como en el trasero, con discos de 390 mm. y 330 mm. de diámetro respectivamente. Y no es para menos. Se trata de detener un navío que roza las dos toneladas de peso, nada menos que 1.945 kg. a la báscula. Es como si juntáramos en la misma bascula a dos Alfa Romeo 4C. Eso sí, el italiano tiene dos plazas y 240 CV.

Y la marca hizo su trabajo. Las puertas del teutón están fabricadas en aluminio, la misma receta que utilizaron para el SLS AMG. El capó, las aletas delanteras o la tapa del maletero también son de este material. Un conjunto que aun así pesa 40 kg. más que el Mercedes-AMG E63 S de 612 CV pero que tiene poco más de 15 kg. extras que un Mercedes-AMG CLS 53 de 435 CV. Las inercias son nuestro enemigo, tanto en las frenadas como entre enlazadas.

Tras la primera toma de contacto sigo dibujando las curvas como si lo hiciera con un lápiz. No tiene el paso por curva de un Porsche 718 Cayman GTS pero no tiene miedo a ellas. El conjunto no se comporta como una “tabla” pero si es aplomado, lo suficiente para dar confianza al que lo conduce. Las ruedas, de medidas 255/35 delante y 285/30 aseguran un correcto agarre, una adherencia en donde la tracción total 4Matic tiene mucho que decir.

Con más confianza pruebo a sacar a bailar sus 557 CV en plena curva. He tenido desde el primer momento buen feeling con la dirección, es directa y de tacto duro. Me atrevo a buscar sus límites. Tengo fe, creo en el Dios AMG y en que juntos saldremos de esta. Las sensaciones son contradictorias. Inicialmente parece que el coche va a descomponerse. Los dos ejes, sobre todo el delantero, parece buscar la cuneta con un leve subviraje. Milésimas más tarde la trazada apunta directamente a la salida de la curva. La tracción total y la electrónica han hecho su trabajo, y todos acabamos la canción de una pieza.

El reparto de par no es homogéneo en cada eje. El delantero recibe un 33 por ciento mientras que el trasero llega a los 67. En sus tripas encontramos un diferencial central multidiscos que es el culpable de este reparto, un sistema que está ayudado por un diferencial adicional en el eje trasero y un control vectorial de par electrónico cual Sancho Panza con su Don Quijote.

El último capítulo de esta historia lo he reservado para la caja de cambios automática de siete velocidades, la AMG SpeedShift MCT 7 que cumple su función de forma soberbia. En conducción relajada me pareció suave, un comportamiento que combina con una gran rapidez y solvencia tanto en modo automático como en el manual con levas. Al llegar a la zona roja te invita a que cambies de velocidad, pero no lo hace por ti dejando que llegues al corte si así lo consideras.

El Mercedes CLS 63 AMG ya no está entre nosotros pero sigue siendo el más potente, con permiso de la versión S de 585 CV, de los CLS fabricados. Con la llegada del Mercedes-AMG GT Coupé de 4 puertas las esperanzas por volver a ver un CLS V8 se han desvanecido. Las dos versiones más potentes del mencionado nuevo modelo, las 63, cuentan con un V8 de 4.0 litros de 585 o 639 CV. Una oferta que resta interés al posible nuevo CLS 63. En definitiva, el Mercedes CLS 63 AMG 4Matic no es un coche para ciudad, ni tampoco el más apto para circuito. En cambio sí es perfecto para largos viajes, para devorar kilómetros y para hacerlos, si es necesario y las circunstancias lo permiten, rápido, muy rápido.

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Extremeño enamorado del mundo del motor. Cuando aún no había aprendido a contar hasta diez, ya coleccionaba llaveros con las insignias de cada marca de automóviles. También, he sido jugador de baloncesto gran parte de mi vida. Quizás, por este motivo, estudié el Grado en Educación Física en la Universidad de Extremadura. Siempre he mirado a los coches con otros ojos: disfruto de su mirada, de sus líneas y por supuesto, del placer de conducirlos. ¿Un sueño? Recorrer "el infierno verde" subido en un Porsche 911 Turbo. Espero que te gusten mis artículos en donde podrás comentar y preguntar acerca de lo que desees, estaré encantado de tu colaboración. Me tenéis en Twitter y en la mayoría de las redes sociales. ¡Sígueme y compartamos la pasión por este maravilloso mundo!

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