La vigilancia de los adelantamientos está entrando en una nueva fase en Europa. Italia se ha convertido en el primer país del continente en utilizar en carretera equipos automatizados capaces de documentar una maniobra prohibida sin que haya un agente justo detrás del infractor. Se trata de los sistemas SV3, conocidos popularmente como sorpassometri, que han empezado a funcionar en la región de Calabria. En España no hay todavía una fecha oficial para su llegada, aunque la DGT ya recurre a cámaras de línea continua en algunos puntos y observa con interés lo que ocurre fuera de nuestras fronteras.
El asunto no se queda solo en la tecnología. La normativa española también ha cambiado en lo que respecta a los adelantamientos, con una protección reforzada para los ciclistas en las carreteras interurbanas. Desde el 1 de octubre, el Reglamento General de Circulación recoge ajustes que obligan a extremar las precauciones cuando se rebasa a una bicicleta, y las autoridades recuerdan que las maniobras más peligrosas pueden acabar en sanción. Entre las nuevas reglas y los nuevos controles, el conductor se enfrenta a un panorama más exigente.
Así se detecta un adelantamiento prohibido
Los SV3 no son radares de velocidad al uso. Su misión consiste en reconstruir la maniobra completa cuando un vehículo invade el carril contrario o cruza una línea continua. Para lograrlo, el sistema combina detectores instalados bajo el pavimento, cámaras de grabación de alta definición y un programa de análisis automático. Cuando los sensores del firme detectan que las ruedas han pisado la zona prohibida, el equipo se activa y empieza a grabar.
La secuencia de vídeo dura alrededor de quince segundos y recoge el antes, el durante y el después del adelantamiento. Después, el software identifica el tipo de vehículo, la matrícula, el carril utilizado y el punto exacto en el que se ha producido la infracción. Esa información se envía a los agentes para que revisen las imágenes y, si lo consideran oportuno, tramiten la correspondiente denuncia. El sistema se está probando en tramos de montaña, curvas sin visibilidad y rectas donde son habituales las maniobras arriesgadas.
España aún no tiene SV3, pero sí cámaras similares
En las carreteras españolas no existe por ahora un dispositivo idéntico al SV3. La DGT no ha anunciado una fecha concreta para su posible implantación, y antes habría que resolver cuestiones técnicas y de homologación. Lo que sí hay son cámaras de línea continua que controlan el uso indebido de determinados carriles y que, en la práctica, persiguen un objetivo parecido: vigilar que los vehículos no crucen una zona prohibida ni invadan el carril contrario cuando no corresponde.
Esos sistemas se utilizan en algunos puntos de España, aunque no pueden equipararse a los radares italianos. Los SV3 están pensados específicamente para detectar adelantamientos prohibidos y documentar la maniobra con todo lujo de detalles. Las cámaras de línea continua, en cambio, se emplean para controlar infracciones relacionadas con el carril y la incorporación a vías de alta capacidad. La base tecnológica es parecida, pero el uso y el alcance no son los mismos. Si la experiencia italiana funciona, no sería descabellado que otros países estudiasen fórmulas similares.
Más control y nuevas reglas para el conductor
La posible llegada de estos equipos se suma a un goteo constante de cambios normativos. No basta con respetar el límite de velocidad: también hay que revisar cuándo se puede adelantar, cómo se debe rebasar a una bicicleta y qué distancia de seguridad conviene mantener. En carretera, la diferencia entre una maniobra legal y una infracción puede depender de pocos metros, de una señalización confusa o de una visibilidad que cambia en segundos. Por eso, los expertos recomiendan no fiarse de la costumbre.
Para el conductor medio, la principal novedad es que los controles serán cada vez menos visibles y más difíciles de esquivar. Los equipos italianos no necesitan un coche patrulla detrás del infractor, y las cámaras españolas de línea continua ya funcionan de forma automatizada en determinados accesos. Eso no quiere decir que cualquier error se castigue al instante, pero sí que la probabilidad de ser detectado aumenta cuando se realiza una maniobra prohibida. La recomendación sigue siendo la de siempre: si hay dudas, es mejor no adelantar.
El debate tiene también una dimensión europea. Si Italia demuestra que los SV3 funcionan y que las denuncias resisten las reclamaciones, la experiencia podría servir de referencia para otros países. España mantiene por ahora sus propios sistemas y su normativa, aunque la tendencia parece clara: menos margen para las improvisaciones y más herramientas para reconstruir lo sucedido. La formación, la prudencia y el respeto a las señales siguen siendo la primera barrera para evitar sustos.
La mezcla de radares inteligentes, cámaras de línea continua y reglas más precisas dibuja un tráfico más vigilado y también más documentado. En el caso de los adelantamientos, la clave no está solo en multar, sino en evitar que una decisión precipitada acabe en un accidente. El conductor que se adapte antes a este escenario tendrá menos sorpresas, tanto en España como en el resto de Europa.