Volvo Cars está a punto de poner fin a una de las semanas más delicadas de su historia reciente después de anunciar un recorte de plantilla de aproximadamente 2.500 puestos en todo el mundo. La firma sueca, participada de forma mayoritaria por el grupo chino Geely, ha justificado esta decisión por la necesidad de contener costes en un momento en el que sus resultados trimestrales han entrado en pérdidas y la demanda se ha enfriado en varios mercados clave. La reacción de los inversores ha sido contundente: en la Bolsa de Estocolmo, sus acciones se han dejado alrededor de una cuarta parte de su valor al cierre y han sufrido vaivenes muy bruscos durante la jornada.
El ajuste afectará a cerca del 6% de la plantilla, con especial incidencia en Suecia, donde se eliminarán en torno a 2.000 empleos; el resto se repartirá entre otros países. La compañía prevé ejecutar las salidas mediante la rescisión de contratos con consultores, la no cobertura de bajas voluntarias y paquetes de compensación para los trabajadores afectados. El objetivo es ahorrar unos 5.000 millones de coronas suecas, cerca de 450 millones de euros, y reducir el gasto indirecto en torno a una cuarta parte respecto a los niveles de 2024. Los efectos completos de estas medidas no se notarán hasta finales de 2027.
Resultados marcados por China y Estados Unidos
Las cuentas del tercer trimestre han sido el detonante del castigo. Los ingresos de Volvo Cars se contrajeron en torno a un 23% interanual, mientras que la compañía pasó de ganar 4.500 millones de coronas a perder 5.700 millones en el periodo. En China, la facturación del fabricante se ha reducido cerca de la mitad por la competencia feroz de marcas locales y la guerra de precios, y en Estados Unidos los aranceles y la retirada de incentivos a los coches eléctricos han estrechado sus márgenes. En el acumulado, Europa y Sudamérica han sido las zonas más resistentes, con avances del 8%, frente al retroceso del 29% en Asia y del 3% en Norteamérica.
El discurso del consejero delegado no tranquiliza
El consejero delegado, Håkan Samuelsson, ha reconocido que la empresa opera en un escenario muy exigente, condicionado por la fragmentación del comercio, la competencia extrema y la transición hacia el coche eléctrico. También ha advertido de que el esquema clásico de diseñar vehículos en Europa y venderlos a un precio más alto en China ya no da resultados, y ha señalado que el mercado asiático ha cambiado a una velocidad mayor de la esperada. Para recuperar posiciones, Volvo quiere reforzar su colaboración con Geely y aprovechar mejor las capacidades industriales y tecnológicas de su matriz.
Un ahorro que se suma a recortes anteriores
Este tijeretazo llega después de un plan previo de reducción de costes de 18.000 millones de coronas, que ya contemplaba la salida de cerca de 3.000 personas. La dirección defiende que, con menos volumen de ventas, resulta imprescindible bajar el umbral de rentabilidad y reforzar la caja para poder resistir mejor los próximos trimestres. La compañía insiste en que las medidas responden a un contexto externo complicado y no solo a un problema puntual de demanda, aunque reconoce que el año está resultando más complicado de lo previsto.
Un castigo que se extiende al sector
La bolsa ha sido implacable con la automovilística sueca. Al cierre, los títulos de Volvo Cars han retrocedido un 24%, aunque durante la sesión llegaron a perder más de una cuarta parte de su valor. El varapalo refleja la desconfianza de los inversores ante un plan que consideran necesario, pero insuficiente para resolver los problemas de fondo: la presión de los fabricantes chinos, la debilidad de la demanda de eléctricos y los costes derivados de los aranceles. La situación de Volvo no es un caso aislado: el automóvil europeo atraviesa un contexto complicado, con una competencia creciente de los grupos chinos y una transición eléctrica que está costando más de lo previsto.
Con este panorama, Volvo Cars afronta una etapa de ajuste profundo: menos plantilla, más presión en China y Estados Unidos y la necesidad de recuperar la confianza del mercado sin perder de vista su principal mercado europeo. El recorte de 2.500 empleos y el ahorro de unos 450 millones de euros son la parte más visible de un plan que pretende estabilizar las cuentas, pero los inversores seguirán muy pendientes de si la compañía logra frenar la caída de ventas y mejorar sus márgenes en los próximos trimestres.