Waymo, la filial de conducción autónoma de Alphabet y heredera del proyecto de coche sin conductor de Google, ha confirmado que entrará en España por la Comunidad de Madrid. La compañía no habla de un lanzamiento comercial inmediato: primero instalará un dispositivo de pruebas para conocer el tráfico y validar su tecnología, con la meta de abrir el servicio de transporte autónomo a pasajeros en 2027. La noticia llega después de que la empresa haya ido cerrando permisos y estructura operativa en Europa, y sitúa a la región madrileña entre sus mercados internacionales junto a Londres y Múnich.
En las próximas jornadas o semanas empezarán a verse por la región los Jaguar I-PACE eléctricos que Waymo emplea en sus ensayos. En esta primera etapa circularán con una persona al volante y, más adelante, con especialistas locales que supervisarán el sistema antes de que el vehículo pueda moverse sin nadie en los mandos. Todo ello se encuadra en el marco de pruebas de la Dirección General de Tráfico, en concreto la Instrucción VEH 2025/07, que permite ensayos de robotaxis en Madrid en vía pública con las correspondientes autorizaciones.
Pruebas por fases y zonas de actuación
El despliegue seguirá un esquema gradual. Primero se recorrerán calles con conducción manual para elaborar mapas y recoger datos del entorno; después llegará una validación técnica con profesionales formados, y solo si esa fase sale bien se planteará la retirada del conductor de seguridad. Las pruebas se moverán por Madrid capital, Alcobendas y Getafe, también en horario nocturno, aunque la flota inicial será reducida y crecerá de forma progresiva. La empresa insiste en que no se trata de un servicio abierto al público, sino de un trabajo previo para que el sistema aprenda a interpretar las particularidades del tráfico madrileño.
La autorización de la DGT cubre la circulación de prueba, pero no resuelve por sí sola la explotación comercial. Para cobrar por trayectos sin conductor hará falta encajar la actividad con las normas de transporte de viajeros, un terreno en el que conviven taxis, VTC y plataformas digitales. Waymo explica que colabora con autoridades nacionales, autonómicas y locales, y que mantiene conversaciones con socios operativos locales, sin anunciar por ahora acuerdos cerrados con plataformas de movilidad.
Tecnología y experiencia acumulada

Los vehículos que se verán en Madrid son SUV Jaguar I-PACE eléctricos equipados con la quinta generación de Waymo Driver. El sistema combina LiDAR, radares y cámaras para construir una visión de 360 grados y procesar el entorno en tiempo real; antes de operar de forma autónoma en una zona, la compañía genera mapas muy detallados de carriles, señales, bordillos y pasos de peatones. Ese respaldo cartográfico se cruza con inteligencia artificial y datos de los sensores para calcular la posición exacta del coche.
Waymo presenta su historial como principal aval. Habla de más de 20 millones de viajes de pago, unos 500.000 trayectos semanales y una flota de más de 4.000 vehículos eléctricos repartidos por 15 ciudades estadounidenses. En total, acumula cientos de millones de kilómetros recorridos de forma autónoma, una cifra que la empresa sitúa por encima de los 400 millones en sus comunicaciones. Son datos que no eliminan las dudas regulatorias, pero que explican por qué su llegada a Madrid se sigue con atención dentro del sector.
La seguridad como argumento central
La compañía sostiene que su tecnología ha registrado un 95% menos de siniestros con heridos graves o fallecidos que los conductores humanos en las ciudades donde opera, lo que traduce en una tasa veinte veces inferior. Es una comparación aportada por la propia Waymo y basada en su experiencia en Estados Unidos, no en pruebas madrileñas. Aun así, la empresa la usa para defender que la automatización puede reducir fallos humanos como distracciones, fatiga, alcohol, drogas, exceso de velocidad o falta de distancia de seguridad.
En España, el debate sobre seguridad vial acompaña este tipo de proyectos. La DGT ha manejado cifras como las 1.119 muertes en vías interurbanas durante 2025, con salidas de vía y colisiones frontales entre los accidentes más letales. Waymo reproduce el apoyo de entidades como FESVIAL y AESLEME, que ven en la conducción autónoma una vía para atacar el error humano, presente en la mayoría de los siniestros. Ese respaldo no impide que las pruebas iniciales se hagan en ciudad y con supervisión, precisamente para no dar pasos en falso.
Madrid, un mercado en competencia
Waymo no llega a un territorio vacío. Uber, WeRide y Avomo ya han movido ficha para ensayar robotaxis en la Comunidad de Madrid con autorización de la DGT y presencia de personal supervisor, y otras empresas preparan movimientos similares. La diferencia es que Waymo parte con una experiencia internacional más extensa y con una marca muy asociada al coche autónomo. En Europa, la compañía coloca a Madrid junto a Londres y Múnich, y fuera del continente mantiene planes en Tokio, Singapur y Toronto.
El reto no es solo técnico. Las pruebas autorizadas no equivalen a un servicio comercial sin conductor, y la regulación europea y española todavía está encajando aspectos como la homologación, la responsabilidad o la autorización para transportar pasajeros. En ese contexto, Waymo combina prudencia institucional y despliegue gradual: primero datos y validación, después usuarios. La compañía evita dar fechas cerradas para el cobro de viajes y mantiene la vista puesta en 2027 como horizonte para sus primeros pasajeros en la región.
La llegada de Waymo a Madrid supone un paso más en la carrera por llevar el coche autónomo de los ensayos a la vida cotidiana, pero no una implantación inmediata. Habrá coches eléctricos Jaguar I-PACE recorriendo la región, primero con conductor y después con especialistas, bajo el paraguas de la DGT y con la mirada puesta en 2027. La compañía defiende su experiencia en EE. UU. y sus datos de siniestralidad, mientras tendrá que resolver la competencia con Uber, WeRide y Avomo y encajar su modelo en las normas de transporte. El resultado dependerá tanto de la tecnología como de la confianza regulatoria y ciudadana.